Una consecuencia de la caótica medida del Gobierno de poner un tope al gas para rebajar la factura eléctrica es que durante un año no podrá haber contratos de la luz a precio fijo como los actuales. Al tener que pagar la compensación a las gasistas, estos consumidores verán fluctuaciones en su recibo en función del precio del gas y del número de consumidores que asuman dicha compensación.

Esto se debe a que hay que compensar a las centrales que generan electricidad con gas (ciclo combinado) por la diferencia entre el tope al gas -48,8 euros como media en 12 meses- y el precio de mercado. Esa compensación no sólo la pagarán los clientes del mercado regulado, es decir, cuyo recibo depende de la subasta diaria y que son los que se benefician del tope. También la pagarán los del mercado libre que tienen un precio fijo al mes, a medida que tengan que renovar sus contratos; normalmente, tienen que renovarse cada año.

A partir del mes en que les toque renovar, estos consumidores tendrán que pagar esa compensación a las gasistas. Y como esa compensación depende del precio del gas en el mercado y del número de clientes entre los que se reparta, cada mes pagarán una tarifa distinta. Con el sistema impuesto por Teresa Ribera, no pod